Conserje del hotel: Bueno, tienes que coger el metro y después coger el Renfe.
Yo (pensando "¿A quien me tengo que coger?"): Ah... gracias.
Resultado:Tomo el metro desde Vallarca hasta no recuerdo cual estación. Me bajo del metro y me encuentro con este pasillo largo:
Al final del mismo paso por un Kiosko atendido por un costa riquense al cual le pregunto:
Yo:Maestro, ¿el Renfe donde lo tomo?
CostaRiquense (señalando la otra punta del pasillo que acabo de terminar de cruzar): El Renfe ya.
Yo: Eh... vale.
Como los costa riquenses onomátopeyicos nunca fueron de confiar, sigo caminando en mi dirección hasta que llegue a un callejon sin salida. Una gallega me ve desorientado y me pregunta "¿Adonde quieres ir?". Con cara de perrito mojado respondo "Al aeropuerto...", a lo cual la gallega señala hacia el lado de donde vine y dice "Al final del pasillo".
Subo las escaleras y comienzo mi retroceso. El costa riquense rie al verme pasar.
El pasillo era taaaaaan largo, que la gente iba perdiendo las zapatillas.
Luego de un interminable pasillo llego a la tan deseada escalera y arribo a la entrada del Renfe. ¿Y con que me encuentro?
¡Otro pasillo!
Luego de una caminata de la cual, estoy seguro, me hizo cambiar el huso horario, llegue al tan preciado ¡Renfe!:
Yo: Este es el que va al aeropuerto, ¿no?
Gallego de ocasión: No, ese es del otro lado.
Cruzo el andén:
Varias hojas de Zaramago después, llega el tren, y varios paisajes todos similares después, llego al aeropuerto. A la salida del tren hay un autobus que te lleva desde la estación al aeropuerto. Es un viaje de dos minutos. Es decir, hay una persona cuyo trabajo es hacer ese mismo recorrido, más de doscientas veces por día, todos los días, todas las semanas.
Arriba del tren dos niñas de cinco años contaron desde el uno al trescientos en catalán. Quería prestarle atención, pero cuando miraba por la ventanilla esto me hizo distraer.
¡Con razón no encontramos taxi a la mañana!
(Acá viene una parte aburrida donde doy treinta vueltas por el aeropuerto, pregunto cincuenta veces si vuelan a París, entro tres veces al mismo kiosko a pedir cambio solo para molestar, y demás hasta que me dicen que el vuelo mas barato ida y vuelta son 300 euros).
Derrotado, vuelvo del aeropuerto a la estación de tren. Recibo mi primer reprimenda peninsular por la siguiente foto:
Guardia de Seguridad: Oye, no se puede bajar a las vías a sacar fotos, ¿vale?
Yo (haciéndome el inglés): Okey, nou problem.
No entiendo nada, cuando hice la misma foto en San Miguel nadie me dijo nada.
CONTINUARÁ....
(Estoy cansado y como observarán mi inspiración no es la mejor xD. Lo bueno de esto es que uno después se olvida de las cosas pequeñas de los viajes, y a veces irlas anotando te ayuda a no olvidar las Margorys Españolas, los Bidets raros y los Pelados Salamándristicos).





